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Historia de Vida
Friday 27, March 2015
Necesita ayuda, una alerta que puede cambiar la realidad

Alertó el maltrato físico que vivía en su hogar. Utilizó el Sistema de Avisos de Violencia contra la Mujer y hoy cuenta su condición con el objetivo de ayuda a otras mujeres en su condición.

Alertó el maltrato físico que vivía en su hogar. Utilizó este Sistema de Prevención de la Violencia de Género (SPVG) y hoy cuenta su condición con el objetivo de ayuda a otras mujeres en su condición.

No fue una "selfie" normal. Pedía auxilio, no quería ser una víctima más. No quería convertirse en una mujer que encuentran sin vida por nunca haber hablado. Michelle, como pide que le llamen, alertó sobre aquel acto brutal de violencia física a tan solo pocos minutos de enfrentar la experiencia. Su instinto de defensa la hizo poner un aviso a través del Facebook de Háblame de Respeto, que forma parte de esta moderna e innovadora plataforma multimedia. 

Sintió miedo y vergüenza, como lo sienten miles de mujeres que viven experiencias similares. ¿Cómo no hacerlo? Su esposo, que en ese momento se había convertido en su enemigo, le aventó todo lo que encontró en aquella habitación en la que la mantuvo como su rehén. La discusión se encandiló, a tal grado, que cualquier cosa que se le atravesara enfrente era un arma contra ella. Michelle se transformó, desde esa mirada bestial, en un blanco fácil, a donde las gavetas, la ropa y los botes con productos podían caer sin piedad.

Su piel blanca y cutis terso, que ya no delatan el sufrimiento vivido, quedaron morados. En ese momento su ojo perdió la forma achinada y su mirada dejó de ser vivaz. No tenía mucho con lo que defenderse, e intentó poco porque él le doblegaba en fuerza física.

Cuando pudo recobrar su teléfono celular, que su pareja también le había quitado, se hizo una “selfie”, pero esta tenía un objetivo diferente al de modelar su imagen. El retrato de sí misma era para alertar y pedir auxilio. Mediante un mensaje privado en la página de amigos de Facebook, Michelle, de 35 años de edad, acompañó la foto con el mensaje: “Necesito ayuda…”

No tardó mucho para que el equipo multidisciplinario de la Asociación para Autodeterminación de Mujeres Salvadoreñas (ASMujeres) le respondieran. Estaban atentas para brindar el auxilio y dar el seguimiento del caso, la atención que se merece y que es posible dar si todos contribuimos desde la alerta.

Como muchas mujeres, la vida de Michelle no fue fácil desde su niñez. Presenció violencia en el hogar que vivía junto a su madre y su padrastro, y continuó de forma repetida en el que ahora comparte con su esposo y sus tres hijos. A veces, ella siente que no tiene una opción para salir de allí, pues no hay trabajo y no puede mantener a sus hijos por sí misma.

Michelle parece joven y avispada, no desconoce de todos los tipos de violencia que enfrentan sus vecinas y ella misma. Tiene un carácter fuerte, pero al igual que la fortaleza el temor está presente.

“Mi ambiente era un caos. Eran nervios, eran llantos, porque osea yo desconsolada, verdad, que había vuelto a pasar eso. Dije yo, por Dios, ya no puedo seguir así”, confiesa Michelle con un tono de voz que de ser un tanto firme pasó a angustiante.

La primera vez que el esposo de Michelle la agarró por el cuello, la policía llegó e intentó mediar la situación. Quiso hacerle ver que si lo denunciaba él ya no iba a regresar a su lado, aunque no sabía que esta forma de llevar el caso es errónea, pues ante delitos como la violencia contra la mujer no se puede mediar la situación. Ella le dijo con autoridad que se lo llevara. Pese a lo dicho por el policía, el agresor regresó y recayó en el círculo que había ido forjando con el paso de los años.

Michelle agradece haber podido llegar a un lugar en el que su caso fuera tomado en serio. Recibió, tras el último episodio de violencia física, una terapia de masajes e imanes, con lo que se sintió consentida, después de haber pasado por un proceso que describe como “horrible”.

“Realmente me ayudó mucho. Sigo en terapia con la psicóloga. Las palabras de ella me ayudaron mucho, fue totalmente diferente a las veces anteriores”, comparte Michelle.

Tras sus atenciones en ASMujeres la chispa de Michelle ha sido para identificar casos en su centro de estudio, en su lugar de habitación o vecindario y, ahora, busca ser un ente de cambio para incidir en la vida de más mujeres que, como ella, viven a diario la violencia en su contra. A sus 35 años, cursa bachillerato, al igual que su hijo mayo y prevé entrar a la universidad para estudiar Trabajo Social.

Aún continúa viviendo con su esposo, que hoy también ha buscado métodos para canalizar su violencia nata. Sin embargo, de reincidir, Michelle conoce el camino para alertar y denunciar hechos que le dañen su cuerpo y espíritu. 

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