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Entre Nosotras
Wednesday 22, October 2014
Por las calles de Mejicanos

Caminar por el municipio de Mejicanos, San Salvador, El Salvador, implica encontrarse con varias personas y negocios.

Caminar por el municipio de Mejicanos, San Salvador, El Salvador, implica encontrarse con varias personas y negocios, donde todo deja de ser cotidiano cuando predomina la trilogía de la violencia, cargada del miedo, el silencio y la indiferencia.

Frescos de horchata, cebada, carao, mil hojas, pañuelos, mieludas y otras variedades de pan dulce, tortillas, frutas… Y la lista continúa. No es el mercado aún, pero está a unos pocos metros.

El recorrido comienza frente a la parada de buses del centro comercial de la colonia Zacamil, ubicada en el municipio de Mejicanos. En el lugar, hay varios puestos de ventas informales, que están al aire libre y exponen sus productos —de los cuales, la mayoría ejerce violencia simbólica hacia las mujeres que transitan por el lugar— al humo de las cuantiosas rutas de buses que se parquean enfrente, como varios de los escenarios que hay en el país.

Al terminar de cruzar la pasarela, la fila de negocios continúa. Hay una gran variedad, como ropa, películas “piratas”, juguetes, maquillaje, granos básicos y más. Las vendedoras, mujeres en su mayoría, están a la espera de las y los compradoras/es interesadas/os.

Es casi mediodía y hace mucho calor, pero esto no ha sido impedimento para que más personas se acerquen a comprar. La afluencia es grande; quizás, porque es fin de semana.

En el mercado municipal de la colonia Zacamil, un edificio techado que comprende casi una cuadra, el panorama no es tan diferente al de afuera. A la entrada, se encuentra el pasillo donde venden comida y, a cada paso que se da, se entremezclan los suculentos olores de los platillos.

La carne asada, pupusas, mariscada e incluso las tortillas recién salidas de la plancha tienen un delicioso aroma y llegan al olfato de quienes visitan el mercado.

A medida que continúa el recorrido, se va adquiriendo una agilidad para evitar chocar con los demás, pero hay un pasillo en el que el tránsito es tranquilo en comparación del resto. Aquí está ubicado un negocio de confecciones y costuras.

“Buenos días, le traigo estas camisas para que me las arregle”, le comenta un cliente que ha llegado al lugar a la encargada del lugar.

Lo recibe la niña Angélica, una mujer de unos 40 años, de complexión fornida, quien de forma amable atiende a todos los que llegan para arreglar sus pantalones, camisas y faldas. No faltan quienes desean un diseño particular.

La propietaria de este negocio lleva un año y medio trabajando dentro del mercado, pues antes tenía el pequeño taller en su casa. La apoya su hijo, un joven de 20 años de edad, que pasa la mayoría del día entre hilos, telas y la máquina de coser.  

En un cuaderno con la pasta deteriorada y las hojas a medio uso, la niña Angélica anota de forma meticulosa el tipo de trabajo que se va a realizar, para cuándo se va a entregar y si queda cancelado o pendiente de pago.

“Venga dentro de siete días, se las voy a tener listas antes del mediodía. Como a las 11 de la mañana”, le asegura Angélica al cliente, quien se retira convencido y parece satisfecho.

Así es el día a día de la costurera de este mercado municipal, que con esfuerzo y perseverancia ha logrado ser reconocida por varios residentes de la zona.

Violencia contra la mujer en todas partes

Como municipio, Mejicanos tiene 140,751 habitantes y es de los más poblados del país, según el último censo realizado en el año 2007 por la Dirección General de Estadísticas y Censos (Digestyc). Del total de la población, 76,242 son mujeres, de las cuales 14,327 son jefas de hogar.

Existen 372 colonias en la zona urbana de la localidad; entre ellas, la Zacamil, que es una de las más emblemáticas del lugar. Rodeada de edificios multifamiliares, escuelas y casas particulares, en las que varias tienen sus paredes manchadas con graffitis, que expresan una marcada cosificación a la mujer, la comunidad desarrolla sus actividades diarias.

En este lugar sobrepoblado, las historias de los residentes van y vienen. Algunas han terminado en tragedia, como un caso presentado en la localidad hace poco más de un año.

En un pasaje cercano al exmercadito Zacamil, en uno de los apartamentos de los edificios, habitaba una familia de cuatro integrantes, conformada por la madre, el padre y sus dos hijos adolescentes.

Ella era ama de casa; y él, soldador. Tenían 19 años de relación, pero nada era “color de rosa para ellos y los vecinos se percataban de eso. A veces, ella salía. A veces, ella salía a comprar con los moretes al descubierto mientras caminaba  con dificultad, debido a una discapacidad en su pierna derecha.

Lo habitual en la vida de esta mujer era soportar el grave alcoholismo de su cónyuge, quien con frecuencia le daba golpes y la humillaba frente a sus hijos. Previo al desenlace trágico, aquella mañana salió a visitar a sus vecinos, como era habitual para ella.

La misma noche en que la vieron por última vez, fue ingresada en el Hospital Nacional Zacamil a causa de un accidente cerebrovascular, al que no sobrevivió.

No llevaba una vida de calidad, pero nadie se esperaba la noticia. En aquellos pasajes, no tardó en salir a la luz que el derrame habría sido causado por uno de los múltiples golpes que ella recibió a lo largo de tantos años, por parte de aquel hombre que tan mala vida le dio.

Él no pudo con su culpa y murió meses después a causa del alcohol, dejando en la orfandad a sus hijos.

El fenómeno de violencia contra la mujer en un municipio como Mejicanos, el segundo y tercero más violento en casos de homicidios y violencia intrafamiliar hasta mayo de este año, según las estadísticas publicadas por este sistema de avisos, nos detalla que lo sucedido por tanto tiempo en aquellas cuatro paredes no era una historia aislada.

En la ola de la violencia delincuencial, exista una, igual de dañiña, que se difumina entre esta: aquella dirigida contra las mujeres. Esas jefas de familia, quienes no se les da el valor ni reconocimiento que quisieran, ahora pueden lograr el desarrollo de una vida libre de violencia en los barrios y colonias de Mejicanos por medio de este moderno sistema de avisos.

Solo ellas pueden alzar su voz para decirle no a la violencia y exigir que se les hable de respeto.

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