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Entre Nosotras
Wednesday 8, October 2014
Somos socializados en esta cultura machista

Los esquemas sociales determinan la violencia contra las mujeres que existe en El Salvador. La falta de interés para atender el problema desde su raíz contribuye a su perpetuidad.

Adilia Pineda es una psicóloga que ha trabajado ocho años en la atención de casos de violencia intrafamiliar, 12 años en el tema de violencia delincuencial, aparte de haber realizado trabajo de promoción de salud mental a comunidades afectadas por el conflicto armado. Nos recibe en una pequeña oficina, en donde atiende a sus pacientes. El espacio está adornado, nada más, por un escritorio y varios libros. Luego de ofrecernos tomar asiento, ella va a su silla y la conversación comienza.

Existe una trilogía de la violencia contra las mujeres, que es el miedo, el silencio y la indiferencia ¿Me podría usted detallar qué consecuencias tiene en el comportamiento de las mujeres víctimas?

Bueno, el silencio es algo característico de la violencia. Es algo que nosotros lo trabajamos, lo abordamos aquí a través de la psicoterapia de grupo, porque en la terapia individual casi siempre se queda como en el ámbito privado.

La persona que sufre violencia, no nos gusta decir víctima, porque la víctima suena como un sujeto pasivo, como que no es capaz de accionar y de levantarse y superar esa situación. Entonces, sufre violencia de cualquier tipo. Entonces, en la terapia de grupo, nosotros abordamos esa variable que es romper esa característica de la violencia que es el aislamiento. El aislamiento y el silencio, que es como un secreto.

A veces por vergüenza, la mujer no quiere contarle ni a los familiares, ni a las amistades, ni nada. Entonces, también los hombres o la persona que está ejerciendo la violencia tiene una posición casi siempre de dominancia o de control, y va aislando a la persona y a los familiares de sus seres más queridos, y a las personas que él considera o ella considera que puede ayudarla a sacarla de esto, que le ayude a romper con esa dinámica que hay entre los dos.

Nosotros abordamos esa variable, que efectivamente así es, a través de la terapia de grupo las mujeres o las personas que llegamos al grupo. Nosotros casi nunca mezclamos sexo.

¿Por qué no mezclan los sexos en las terapias?

Porque son los hombres los agresores y las mujeres las que sufren la violencia; entonces, no es terapéuticamente recomendable ponerlos juntos, porque son posiciones psicoterapéuticamente diferentes las que vamos a trabajar. Las mujeres tienen más libertad y existe la alianza que se hace con las del grupo con más libertad para poder salir adelante de la crisis que están viviendo. Entonces, el grupo les ayuda a eso, a romper con el silencio, a fortalecer su autoestima, a aprender a establecer límites sanos en las relaciones interpersonales, a decir no, a poner un “stop”.

¿Por qué es recomendable? Usted me está diciendo que se atiende en terapia de grupo. ¿Por qué no una terapia individual?

Sí, hay terapia individual y de ahí pasa a terapia de grupo.

Entonces, ¿son como pasos?

Sí, se pueden beneficiar de una terapia de grupo, otras personas no, verdad. Hay unas personas que dice “no, yo no quiero con el grupo hablar de mi situación”, porque se trata de eso; el grupo ayuda justamente a eso, a romper con ese aislamiento, con ese silencio. Y te das cuenta que no es una cosa exclusiva mía.

A veces, las mujeres se culpan y piensan “yo soy responsable porque no hice tal cosa; quizás, si hubiera hecho tal cosa”. Incluso, hay personas que se arrepienten de la denuncia, porque la denuncia puede enfurecer más al agresor.

El estar viniendo aquí a las terapias la culpa a ella y de alguna manera él responsabilizando “vos porque me hiciste esto, a nuestra relación, ahora estamos metidos en esto. No estamos locos para estar yendo al psicólogo”. Porque la gente tiene esa idea equivocada, que al psicólogo van solo los trastornados mentales, y yo les digo: “Los que están trastornados mentales no están acá, están en el psiquiátrico y están en otro tratamiento”. Entonces, el grupo ayuda a eso: a romper con ese silencio, que es característico de la violencia, el aislamiento.

La violencia contra las mujeres requiere una atención especial integral según la Ley. No obstante, en el país aún no se hace una diferenciación de esta con la violencia delincuencial. ¿En qué afecta a las mujeres que sufren maltrato y a toda la sociedad?

Yo creo que afecta en que no se aborda el tema de una manera especial y con la atención de los factores que nos ayudarían como a prevenir. Este proyecto de la Corte Suprema (de Justicia) creo que es algo que contradice eso que usted me está diciendo, porque este es un abordaje al tema de la violencia intrafamiliar.

Aunque ya estamos en cierto problemitas aquí porque ya nos están mezclando la violencia delincuencial. Nos están mandando los jueces de Vigilancia Penitenciaria los privados de libertad que están en estos beneficios penitenciarios, que están en semilibertad y estas cosas. Entonces, ya están mezclando; ya no somos exclusivamente para la violencia, ya estamos cayendo en eso que usted me está diciendo.

Las instituciones o las instancias no tienen esa visión que debe ser algo especial para la violencia intrafamiliar, que no es lo mismo que la violencia delincuencial. Nosotros sí, la mayoría de los casos son de violencia intrafamiliar. El problema que yo veo acá es que tenemos que atender tanto al agresor como a la víctima; a veces, eso genera un poco de desconfianza.

Y otra cosa, nosotros dependemos de un juez y le informamos al juez, y se pone en tela de juicio la confidencialidad, porque le escribimos al juez y los expedientes en los tribunales pueden ser vistos por los abogados y los abogados de los agresores los van a ver, les comentan o les enseñan a los agresores y vienen y usan los términos para violentar también a la víctima, y les dicen: “Si la psicóloga dice que la loca sos vos, la del problema sos vos”. Usan los términos técnicos. Yo casi nunca uso términos para etiquetar, para ponerle el nombre, sino que más una cuestión descriptiva y que está respondiendo a esta situación, no que la persona es de tal manera, sino que los seres humanos respondemos a ciertos momentos de la vida, a ciertas cosas y podemos presentar ciertas alteraciones, dependiendo de lo que estemos pasando.

Si me puede detallar el proceso de una pareja que viene aquí.

Bueno, el proceso es por denuncia. Ellos denuncian, puede ser en un Juzgado de Paz, un Juzgado de Familia. Ellos son quienes hacen la audiencia y el juez allí resuelve, dicta las medidas de protección y dentro de esas medidas está el tratamiento para los dos.

Hay jueces que les dan el oficio a las personas para que vengan aquí (en las terapias) y saquen la cita, eso es de doble riesgo porque algunos lo doblan, lo guardan y no vienen. Otros sí vienen. Otras veces, el tribunal manda el oficio y nos pide que nosotros citemos, citamos a través de telegrama. A veces el telegrama no llega porque nos reporta “Telecom” (Empresa de Telecomunicaciones) que la zona es de alto riesgo y no lo entregan o ya se movió.

Entonces, vamos al juez. A veces, el juez sí se interesa; otras veces hace la remisión y allí murió todo. Si vienen o no vienen no les interesa. Los jueces de Paz son irónicamente más responsables. Ellos sí están pendientes; nosotros les informamos que no han venido, remiten a la Fiscalía (General de la República), la Fiscalía ya da la orden de que tienen que venir con la advertencia y si no cumplen hay apremio y toda la cosa.

Los de Familia: silencio total. Les informamos “mire, no han venido, es necesario que sume a la terapia a tal persona”, porque a veces mandan a la supuesta víctima y el agresor queda fuera. Estamos allí patojos porque tiene que ser todo el grupo familiar; a veces, que esté referido, porque no solo la que sufre violencia está necesitándola, sino también el agresor. Entonces, ese es el proceso: juez de Paz y de Familia, audiencia y dictan las medidas de protección y, en las medidas, vienen también al tratamiento psicológico.

¿El agresor puede llegar a dejar de ser agresor para que los dos estén acá o puede haber reincidencia?

Puede haber reincidencia. Es un proceso bastante complicado, porque los hombres por la denuncia vienen con muchas defensas; o sea, vienen como enojados aquí. Entonces, lo que podemos hacer es como ganar con ellos confianza. Establecer esa alianza para que se quede en el tratamiento. Lo que yo he visto en mi trabajo es que individualmente no funciona tanto como en grupo.

El hecho de ver ellos más personas denunciadas, que están en el mismo barco, digámoslo así, los libera y les permite aprovechar más la experiencia psicoterapéutica. El abordaje que yo hago con los hombres en grupo es diferente al que hago con las mujeres. Con los hombres es algo más directivo, encaminado a algo psicoeducativo. O sea, el cambiar ciertos esquemas machistas que son los que están interviniendo también. Les parece normal, cosas sencillas, elementales por las que ellos se pelean.

“Mire es que ella no lava la ropa. Yo les digo: “¿Y por qué no la lava usted?” “Es que para eso está ella”. Eso es algo que hemos aprendido en nuestra cultura, es algo socialmente aprendido. Entonces, son como cambiar esos esquemas. Nosotros también, mujeres, somos las más responsables de perpetuar ese tipo de situaciones porque a veces decimos: “No, que no lo haga el hombre porque él no puede”, “Él no puede cocinar”, “Él no puede planchar”, “Él no puede lavar”, “La mujer por naturaleza lo hace”. Eso no es cierto.

¿Por qué como sociedad podemos llegar a eliminar la violencia contra las mujeres y qué factores pueden influirnos, para que nosotros, así como usted dice, lo aceptemos como normal?

Lo aceptamos, primero porque socialmente los hombres son los que dominan. Usted mire quiénes están en la Asamblea (Legislativa) en los Órganos Judiciales. Hay esfuerzos por hacer leyes muy, muy completas, excelentes. Yo las leo porque tenemos que estar enteradas, pero ¿quiénes aplican la Ley? Son personas como usted y como yo que han crecido en este medio social que tienen esos esquemas machistas y hembristas. La conducta de las mujeres que perpetúa esa discriminación hacia la mujer es hembrista, así se llama técnicamente. Como socialmente el hombre es el que domina; por eso, pienso yo que no hay seriedad como de veras para cambiar estos esquemas sociales.

O sea, es un problema que viene…

Viene heredado desde hace bastante…Hay una antropóloga que se llama Margaret Mead, que ha estudiado el comportamiento masculino-femenino en tribus en las cuales comportamiento es diferente. Lo que usted espera que el hombre es, entre comillas, el proveedor, porque ahora los hombres son sinvergüenzas también y no quieren ayudar y dicen: “Yo ya no colaboro con la comida porque le paso 40 dólares para la casa”. Tres hijos. Y yo le digo: “Bueno, ¿con cuánto desayuna usted?” “Con un dólar”, me dice. Bueno, sumemos un dólar por cada día por niño, son como 40 dólares. Le deja la carga más pesada a la mujer y a eso súmele que va la comida de él. Entonces creo que por eso, como la dominancia es masculina, no hay el interés de verdad de hacer este cambio social  para que las cosas sean diferentes hacia las mujeres, la discriminación que hay.

Yo trabajo mucho el tema de las diferencias físicas, hay diferencias físicas, no somos iguales, que es diferente a equidad. Entonces, no somos iguales, pero esa desigualdad no debe implicar discriminación de uno sobre el otro. Por eso, las diferencias físicas son obvias; a veces, las organizaciones de mujeres luchan por una igualdad y, yo digo, no somos iguales, somos diferentes. El punto es que esa diferencia, el uno no va a fregar al otro.

Se podría pensar que ahora, las jóvenes, con acceso a la información de diferentes formas ya no pueden caer tan fácil en violencia…

Fíjese que no. Fíjese que hay de todo. Yo me fijo en los grupos, yo no manejo el estadístico de todas, pero lo que yo manejo es que hay jovencísimas, desde los 15 años, hasta los 70 años. Entonces, la edad y la preparación. Tengo profesionales y sufren violencia y de todo tipo ¿Y sabe cuál es la más delicada? La psicológica, porque no la advierten; o sea, ellas esperan el golpe. “Mire es que no ha llegado todavía al golpe”, ven el golpe como lo más duro, como lo más fuerte y para mí lo emocional es lo más fuerte, porque usted no lo mide y lo físico puede causar un daño, te sana y te queda el daño emocional también. Pero lo emocional nadie lo mira, la familia no lo mira. El hombre dice: “Pero, mire si yo no lo he pegado, ni la he tocado”.

El poder que ejercen algunos grupos delincuenciales en varios lugares del territorio nacional ¿Cómo afecta en la parte emocional de las mujeres? Porque muchas mujeres ahora viven en zonas de alto riesgo.

Yo pienso que sí. Creo que viene a agravar más la situación. Porque las mujeres no solo corremos el riesgo de ser asaltadas, sino que también violadas. Yo creo que todo el país está inseguro hoy. No confiamos en la policía, gran escándalo porque dijeron que era Estado fallido, yo creo que desde hace rato. Desde el momento que uno tiene que contratar seguridad privada para poder cuidarte, quiere decir que el Estado, algo falla.

Entonces, ¿sí afecta?

Sí afecta y te vendría a afectar colectivamente lo que afecta la violencia intrafamiliar. ¿Qué afecta? A nivel de conducta, afecta muchas cosas, como insomnio, falta de apetito; a nivel emocional, baja autoestima, el no establecer límites sanos con las personas, depresiones, etcétera. La inseguridad que podés vivir en una colonia, que esté vulnerable, afecta también y viene a acrecentar estos problemas que tenés.

Si alguien vive violencia intrafamiliar, una mujer que tiene sus hijos y vive en una zona de vulnerabilidad, ¿puede trascender a los niños?

Un grupo familiar que tiene violencia, todo el grupo está afectado. A veces, la violencia no es directa a los niños, pero ellos aprenden de esta manera a afectar sus emociones. Los niños no son una isla, los niños están creciendo en un contexto que van aprendiendo esas formas de enfrentar emociones, y los niños también se deprimen y las personas creen que no, porque no se va a deprimir como un adulto, porque va a ser agresivo en el juego, en la escuela va a dar problemas, se va a orinar en la cama. Y dicen: “No, si lo hace por fregar”.

¿Por qué a las mujeres que viven violencia se les dificulta tanto salir de este ciclo?

Hay varios factores. Hay como alteraciones a nivel conductual. Usted ve en estas mujeres alteraciones de sueño, de las actividades cotidianas, rechazo a la sexualidad, pérdida del apetito y trastornos alimentarios. A nivel conductual, inhabilidad para la acción, algo que para ti que estás afuera te parece sencillo o te dice, bueno, una historia de 10 años ¿Por qué aguanta?, ¿por qué tuvo más hijos? A veces, esas son secuelas también de que yo lo viví con mi familia. Viste y te parece normal. Es esa inhabilidad para la acción lo que te vulnera la autoestima, tu sentido de valía, vienen aquí con la autoestima por el suelo. Una desesperanza aprendida, que es también parte del estado depresivo.

Los factores económicos son otras variables. Nosotros exploramos con qué recursos cuenta, tanto externos como internos, que es lo que la mujer tiene que tener en cuenta. ¿Cuáles son los recursos con los que cuenta para poder salir? Es lo que le ayudamos a hacerle ver. Tiene formas  para salir de eso. Es bien difícil, fíjese, porque a veces no ayuda mucho lo de las Leyes, la gente que aplica no es como tan preparada en esto. Las juezas, por ejemplo, son hembristas.

Mire, había una jueza que gracias a Dios ya la quitaron, pero las mujeres salían más revictimizadas de allí. Si venían mujeres aquí llorando por cómo las había tratado. Y, entonces, los hombres las trataban peor, porque ¿cuál era el mensaje? Nadie las protege, porque la ley es por gusto. Ellas dicen: “No, es que la ley no sirve”. No, es que la ley es excelente, quien la aplica es el que no puede. Esa jueza es la que terminaba aniquilando a las pobres mujeres; incluso, insultándolas verbalmente. Se imagina usted que esta pobre mujer se atrevió a denunciar y viene la jueza y la termina de aniquilar psicológicamente.

¿Es por falta de conocimiento; tal vez, de leyes?

No. Es lo que le digo, los jueces también son como usted y como yo. Somos socializados en esta cultura machista y las juezas son hembristas, que es el comportamiento que refuerza el comportamiento machista; a veces, las mujeres en la casa: “No, que no lo haga el hombre porque él no puede”. Creemos que por naturaleza tenemos esas habilidades.

Son esquemas mentales que ya tenemos establecidos, que hay que cambiar. Esa es la educación que tenemos que trabajar.

¿Eso es desde pequeños?

Sí, es a nivel preventivo. En varios niveles, primario, secundario y terciario. Queremos trabajar con el problema ya, en sí, hay ciertas cosas que hacer. Tenemos que trabajar a nivel educativo; entonces, es con los niños, en las escuelas. Pero, ya con los jueces, es como: “Bueno, tenemos la Ley, vamos a seminarios, vamos a capacitaciones”. Y esto debe ser interdisciplinario. Los psicólogos ayudando a los jueces, porque los jueces son a veces hasta con problemas personales. A veces, hay jueces que para mí no deberían ser jueces. Imagínese que un juez decide sobre la vida de estas personas.

Y fíjese que a veces tienen los equipos, tienen los psicólogos y le mandan a pedir opinión y dicen: “Esto no es vinculante”. ¿Para qué piden que uno evalúe, que haga tratamiento y recomendaciones? Y no lo toman en cuenta. Allí es donde está el peligro, porque uno puede ser subjetivo a la hora de decidir.

¿Influye el factor económico en no poder salir del círculo de la violencia?

Esa es otra variable también. El miedo también (influye) a perder el vínculo, a perder la familia. La gente tiene ese esquema de “Mejor me quedo aquí a donde ya estoy acomodada”. Si el hecho de irte; a veces, me preguntó por qué los jueces no sacan al agresor de la casa. ¿Por qué sacan a la mujer? Es como doble castigo. La mujer es la agredida y tiene que salir de su casa y sacar a los niños también. Lo económico, el miedo a perder el vínculo, la inhabilidad para la acción, que es un factor emocional, ayudan para que a la mujer le cueste salir del circulo de la violencia.

Nos toca ayudarlos para que desarrollen esos recursos para la fortaleza de tomar una decisión, que es lo que les cuesta la toma de decisión. Hay una disonancia a nivel cognitivo. “Me está haciendo algo malo, pero yo quiero estar allí en esta situación”, pero por todas estas variables que estamos mencionando, variables conductuales, emocionales.

Se puede ir trabajando para cambiar los esquemas, pero ¿es difícil si el agresor regresa?

No tan difícil si ella está bien fortalecida, porque a veces vienen y me dicen: “Yo lo que quiero es que me cambie mi marido”. Yo no se lo puedo cambiar, no tenemos varita mágica, ya ni podemos cambiar por otro hombre, ¿verdad? Aseguremos mejor su cambio; o sea, eso es lo que vamos a trabajar aquí, su cambio, no el de él, que usted tome decisiones, y que aprenda que el mayor porcentaje de lo que yo decido y hago es mío, no de fuera. Yo decido hasta donde pongo el límite, ¿verdad? Como mi cerco que me protege, yo lo defino así y yo decido cómo me impacta allá afuera, eso es lo que aprendemos, a ganar ese sentido de que yo soy la dueña de mi cuerpo, yo decido cuando no.

Hasta en lo sexual, fíjese que los hombres, hasta eso, es como obligación el sexo. Y eso que ellas aprendan a que el hecho de que me casé, no significa que va a tenerme a la hora que quiere, yo decido cuándo no y cuándo sí.

¿Influye de alguna forma la sexualidad en esta forma de poder-dominación?

Sí, influye, cómo no. Hay una doble moral aquí en la educación. Los hombres tienen un poco más de libertad que las mujeres. Y, para mí la educación, si va a haber restricciones, debe ser igual. A veces, luchamos mucho con campañas de condón y otras cosas. Yo creo que si hubiera una educación sexual adecuada no tendríamos que estar hablando de métodos anticonceptivos, porque uno estaría consciente en qué momento está uno preparado para eso.

Fíjese que yo, con la gente que viene, trabajo tres aspectos de la sexualidad que para mí son importantes. (Mientras tanto, la especialista busca entre sus apuntes que ha realizado durante su experiencia en la atención de casos de violencia intrafamiliar, hojea sus libros hasta que encuentra la página que buscaba y continúa) Crear conciencia de qué es la sexualidad, que no implica solo a nivel coital, sino que nuestras relaciones no implican solo lo coital, sino que somos dos sexos en el mundo, hombre y mujer. Los demás son variaciones. Lo otro es la reciprocidad; o sea, el acuerdo que hay de una pareja de establecer una relación formal-sexual; y otro, la libertad, que es lo que a veces no manejan.

Fíjese que yo tengo (casos) hombres de 70 años involucrados con menores de edad y creen que porque les dio el consentimiento no hay problema, no hay conciencia, ni hay este sentido de la libertad. Una menor de edad no tiene el mismo razonamiento que un hombre de 70 años; y el otro, la responsabilidad: somos capaces de asumir las consecuencias, las derivaciones que tiene un compromiso de asumir una relación sexual.

Este tema puede ser difícil, porque el hombre puede, por lo mismo de dominación. Quizás, decirle a la mujer o no darle la libertad de ser ella la que decide…

Sí porque a veces la mujer, dice: “Pues yo lo hago para tenerlo contento, pero ni lo disfruto. Y también el hecho de que no soy capaz de directamente decirte que no, porque no soy capaz”. Cuando directamente debe decir: “No, no quiero”.

¿Por qué es importante una atención psicológica en las mujeres que sufren violencia y quiénes son los grandes referentes para guiar este tema de la violencia contra la mujer?

Yo creo que es importante porque, número uno, ayudamos a estas mujeres a dejar de sufrir. Número dos, podemos prevenir situaciones más graves. Eso es como digamos, trabajar con personas que están sufriendo ya violencia. Otro, es a nivel preventivo, educativo. Creo que los llamados son a las instituciones que tienen que ver con esto; y, tal vez, tomar como en cuenta el apoyo a los psicólogos, el aporte que pueden dar, a cambiar esta historia de la violencia.

¿Se toma lo que usted me decía de los jueces, que dejan de lado una opinión psicológica que puede ser de mucha ayuda; tal vez, el área psicológica no está bien utilizada?

Lo que pasa es lo que le digo. Es lo que mucha gente que viene aquí (y que) a mí me da la pauta. “Yo no sé porque me ha mandado el juez”, dice, “si yo no estoy loco”. Entonces el psicólogo no está para eso; o sea, son problemas cotidianos los que atendemos. Las personas están pensando mal y no solo los que los refieren, sino las mismas entidades que están trabajando con nosotros. Creo que si se tomara más apoyo del área psicológica para trabajar a nivel preventivo y psicoterapéutico sería otra la historia en esto y poder hacer cambios mucho más sustanciales y creo que también ayudaríamos mucho a disminuir el tema de la violencia delincuencial y otros tipos de violencia que enfrenta El Salvador, porque la familia está bien afectada.

 Si la familia es la pequeña sociedad; de allí, salen las personas con ciertos principios de educación y valores elementales, como el respeto, son de los valores elementales de la familia y de lo que trasciende la familia, de donde uno se relaciona.

¿Y los referentes para tratar este tema de la violencia contra la mujer?

Mire, yo no me caso con ninguna teoría, ¿verdad? Porque en esto uno tiene que ser muy cuidadoso. Hay como ciertas facetas, cosas que sí funcionan con una persona; con otras, no funciona. Yo trabajo mucho a nivel cognitivo conductual y también como procesamos la información. Entonces, yo trabajo con un esquema: tú piensas, actúas. Lo que yo hago ya lo he pensado, una acción te lleva a ciertos hábitos o ciertas pautas de comportamiento y esto forja una personalidad y esta personalidad forja un destino. Entonces, esto está a nivel de lo que estás procesando mentalmente.

Porque si yo agarro teorías, porque; por ejemplo, yo no puedo trabajar aquí con un psicoanálisis, un enfoque psicoanalítico. Uno, porque el tiempo que tengo es bien limitado; dos, porque lo que quiero es que esta persona rápidamente se dé cuenta en el lío que esté y de los recursos con los que cuenta para poder salir. ¿Qué hacemos? Bueno, tomamos en cuenta diferentes situaciones teóricas que me puedan ayudar en este contexto para poder ayudar a las personas lo más rápido que se pueda, una intervención rápida y breve.

¿Algo que usted quiera que se dé a conocer en cuanto al tema de violencia contra la mujer, que usted sienta que está escondido?

Bueno, una de las cosas que faltan y que creo que debe promoverse es el tema de la educación, de la educación a todo nivel, de la sensibilización también, para todos los que estamos involucrados trabajando en este tema.

Para mí es muy importante lo que le decía, sensibilizar a los jueces. Hay que reeducarnos en este tema, porque están las leyes muy bonitas, yo leo las leyes y son pero fabulosas, pero cuando yo veo a la persona aquí y todo lo que ha sufrido para llegar acá pasa un montón de violencia también de las instancias judiciales: desde el secretario que la atiende hasta el juez que va a la audiencia. Entonces, es algo que creo que no se sabe.

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