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Reportaje
Tuesday 8, July 2014
Tejiendo caminos sin violencia

Era época de guerra en El Salvador. Era momento de vivir o morir, de organización y combate.

Era época de guerra en El Salvador. Era momento de vivir o morir, de organización y combate. Ahí, durante un panorama que muchas veces pintaba desolador, cobra vida una asociación dirigida por y para mujeres que hasta este día trabaja en favor de los derechos humanos.

Veintisiete años han pasado de aquel enero de 1987, en el que mujeres estudiantes y campesinas del país, que formaban parte de una organización política afín a la izquierda, se unieron para demandar el reclutamiento militar forzoso de sus hijos, el alto costo económico de la canasta básica y estudios, así como el limitado acceso a los servicios de salud.

Así comienza la historia de perseverancia de la Asociación para la Autodeterminación y Desarrollo de Mujeres Salvadoreñas (AMS), que ha evolucionado con el paso de los años, pero que siempre ha tenido como visión el cumplimiento de los derechos de las mujeres en el país y que les incentiva a hablar, “porque hablar ayuda”.

Tras los Acuerdos de Paz en 1992, AMS se renovó e independizó. Las mujeres continuaron organizadas y siguieron la realización de programas en diferentes puntos del territorio salvadoreño.

En la actualidad, AMS lleva a cabo diferentes proyectos para el empoderamiento de las mujeres. En sus inicios, trabajó con la organización de los comités de madres; luego, continuó con los grupos de alfabetización de mujeres.

“Trabajamos los comités de salud que, en ese momento, su objetivo era trabajar los primeros auxilios porque no llegaba la atención inmediata”, cuenta una de las fundadoras de la asociación, Carmen Rodríguez.

Además, AMS organizó comités ecológicos, comités productivos con mujeres, tribunas de mujeres, ventanas ciudadanas y ahora han incorporado el proyecto de defensoras de derechos, desde hace cinco años.

“Nosotras luchamos por el cumplimiento de los derechos de las mujeres, la reivindicación de esos derechos y el cumplimiento de todas las políticas que existen”, agrega la encargada de gestión de calidad de la asociación, Mirna Argueta.

Mapa de violencia

En la década de los noventa, durante la ejecución del programa de salud de atención materno infantil que AMS realizaba en el departamento de Morazán, al oriente del país, se descubrió una problemática que enfrentaban varias de las mujeres atendidas: la violencia.

“Se trabajaba en un mapa, donde se colocaban las familias, como un mapa de diagnóstico. Había una casilla que era para los casos de violencia, pero llega un momento en el que los promotores y promotoras empiezan a poner un montón de alfileres moraditos, que eran los casos de violencia”, narra la doctora de AMS, Marta Dinora.

Al pasar el tiempo, los promotores y promotoras de salud se dieron cuenta de la dimensión de la problemática.

“Al interior de la organización se enciende como un foco, en el que dice bueno hay que trabajar allí el tema de atención a la mujer y, si bien es cierto que en un inicio no había más formación en este tema de atención, pues algo se hacía y se trabajaba la atención física”, añade la doctora.

AMS fue la primera asociación de mujeres que no le tuvo miedo al silencio, porque siempre creyó y cree que un futuro sin violencia para las mujeres es posible de lograr. Integró en sus presentaciones de proyectos a nivel nacional estadísticas de casos de violencia contra las mujeres, por lo que el Ministerio de Salud (Minsal) creó una casilla en su tabla para añadir esta problemática en sus evaluaciones.

 “Allá en oriente, pero también acá, la AMS empieza a crear como una famita, como un rumor de que atiende a las mujeres golpeadas. Y entonces comienzan a buscarnos desde el  Ministerio (de Salud) y desde otras organizaciones, como a decirnos: ¿Y qué hacen con las mujeres? ¿Qué pasa?”, dice Marta Dinora.

Con el paso de los años y las experiencias adquiridas, el enfoque de atención a víctimas de violencia por parte de AMS cambió. Se comenzaron a fortalecer los grupos de atención y se incorporaron ciertos componentes de salud mental. Del año 1997 a 2005, el programa de salud se modernizó y se hizo más fuerte.

Incluso, desde hace 10 años, la asociación atiende a víctimas de trata de personas, de forma casi confidencial, por su complejidad y peligrosidad.

Los nuevos proyectos

AMS lleva a cabo diferentes ejes de trabajo. En el enfoque medioambiental, la asociación desarrolla, en el departamento de Morazán, un proyecto de atención a 1,100 familias en el tema de acceso al agua. Asimismo, se trabaja en materia de la prevención de violencia de género y fortalecimiento de la economía.

En el departamento de La Unión, se ha logrado organizar a 240 mujeres y se forman cooperativas para potenciar su economía. También, se realizan programas en pro del Medio Ambiente.

El trabajo se extiende al departamento de Usulután, donde AMS trabaja con grupos de mujeres que han sido formadas en la institución gubernamental llamada Ciudad Mujer en el fortalecimiento de su economía, así como trabaja desde hace varios años la gestión de riesgo con enfoque de género. Siempre al oriente del país, en el departamento de San Miguel, se trabaja el tema de abuso sexual, violencia con mujeres y jóvenes, y la trata de personas. 

En el centro del país, en los municipios de Ciudad Delgado, Mejicanos, San Martín y Soyapango, los proyectos, en coordinación con las municipalidades, están dirigidos a la prevención de la violencia y a promocionar leyes en favor de las mujeres. Además, se crean y fortalecen modelos de denuncia de violencia, creando las Defensoras de Derechos en todos los municipios en los que trabaja, generando así una red de Defensoras.

En ocasiones, la asociación enfrenta dificultades, como la disminución del apoyo económico internacional o el abordaje de temas que aún son considerados tabú, como el miedo de las mujeres a denunciar, debido a la violencia social que vive el país. No obstante, el ánimo, la planificación y sus objetivos siempre están firmes.

“Las mujeres tenemos derecho a vivir una vida libre de violencia, a que nos quieran y que nos respeten”, asegura Carmen Rodríguez.

La prioridad de AMS son las mujeres en todas las etapas de su vida. Sus retos son trabajar en el desarrollo de las mismas, visibilizar sus problemas y crear esfuerzos que les permitan avanzar. “Porque un futuro sin violencia es posible, hablo porque hablar ayuda: háblame de respeto”.

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