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Entre Nosotras
Thursday 9, July 2015
La violencia no discrimina

La violencia en el país es un realidad latente que provoca inseguridad y temor en las mujeres

Por Claudia Ávalos

La violencia en el país es un realidad latente que provoca inseguridad y temor en las mujeres, su rutina diaria gira en torno a protegerse de cualquier agresión en la calle, rumbo a su trabajo o casa, en camino a salir de paseo e inclusive en su propia casa, en todo momento siempre está presente en nuestro pensamiento que podemos ser atacadas. Pero la violencia no es exclusiva de algunas mujeres, de algunas edades o estatus económicos, es una sombra que nos persigue a todas por donde quiera que vayamos, sin importar quienes seamos.

La violencia no ocurre sólo en las mujeres dependientes, con poca formación educativa o de pocos recursos económicos; las mujeres universitarias, profesionales con poder adquisitivo, también son víctimas silenciosas de la violencia y que no se atreven a hablar por su mismo estatus, sin embargo, esto no significa que no sufran de violencia, claro que pueden ser víctimas de violencia y sufrir en silencio, ellas son aún vulnerables a pesar de todos sus estudios académicos, incluso puede que por su misma condición de independencia, ni siquiera se den cuenta que son víctimas de violencia económica y psicológica.

Ser victima de violencia no es cuestión de edad, profesión, nivel académico o apariencia física, no importa quiénes y cómo seamos todas somos vulnerables de una u otra manera pero la educación nos permite conocer nuestros derechos y reflexionar en que no merecemos sufrir violencia, no somos culpables, no somos quienes la provocamos, nosotras somos víctimas. Tenemos obligaciones, sí, pero también tenemos derechos. 

Esto se refleja en el caso de Corina A., una mujer que brindó su nombre en uno de nuestros grupos de autoayuda, quien a pesar de ser una mujer con formación universitaria, un trabajo que le permitía obtener un salario alto, una casa propia y considerarse una mujer independiente. Aun así ella era víctima de violencia económica y psicológica por parte de su pareja, que ella consideraba como actitudes naturales en su relación y sin darse cuenta cayó en el ciclo de la violencia, que cada vez se volvía más y más fuerte, sintiendo que como no habían golpes pues no era violencia. Hasta que la situación fue insostenible al descubrir no una sino varias infidelidades de su pareja, al confrontarlo se dio cuenta que la situación no iba a cambiar ni a mejorar, fue ahí que dijo “basta ya, no más”; y tuvo que tomar una decisión: seguir viviendo y sufriendo al violencia de su pareja, con tal de no estar sola; o romper su vínculo con él a pesar de su dolor propio para seguir adelante buscando nuevas oportunidades para encontrar la felicidad en sí misma. Lo que facilitó su decisión es saberse autosuficiente y totalmente independiente como para poder mantenerse y seguir adelante por sí sola.

Ella no es la única, situaciones como estas las viven diariamente muchas mujeres que por miedo a estar solas o por vergüenza al que dirán sus familiares y amistades no se atreven a decir la verdad y fingen vivir en completa armonía en su hogar, tragándose diariamente sus lágrimas y desesperación de no saber qué hacer, a quién llamar o cómo enfrentar la situación para decir “basta ya, no más”. No somos inmunes a la violencia, todas podemos ser víctimas pero a pesar de las dificultades y del miedo, hay que romper el silencio, denunciar es el primer paso para salir del ciclo de la violencia.

Como mujeres tenemos un gran reto que enfrentar ya que los modelos sociales, educativo y los roles sexuales que nos enseñan desde la familia hasta la escuela, nos enmarcan dentro de un cuadrito que nos dice cómo se supone que debemos comportarnos, qué se supone qué debemos y podemos hacer e incluso que carreras debemos estudiar. No nos conformemos, rompamos patrones culturales y conductuales, cambiemos los paradigmas establecidos, seamos nosotras mismas quienes generemos ese cambio social.

Para lograr este cambio en los patrones culturales y conductuales aprendidos con la interacción social y que se vuelven normas de comportamiento naturales para hombres, mujeres, niños y niñas, desde ASmujeres realizamos líneas estratégicas enfocadas a la formación de las mujeres para empoderarlas mediante capacitaciones, talleres y charlas en temas de género, derechos humanos, defensoría, autonomía económica, política ciudadana, física, psicológica, así como en liderazgo transformador, con la intención que hagan incidencia en sus territorios y tomen sus propias decisiones con iniciativas para deconstruir su realidad y construir una nueva visión de su vida. Además, otra línea estratégica es la organización de mujeres en cada zona de influencia donde ASmujeres interviene para multiplicar la labor de prevención de violencia contra las mujeres y defensoría de los derechos de ellas porque mientras más comprendan sobre sus derechos más podrán hacer para defenderse a sí mismas y a otras mujeres.

Todas podemos formarnos y organizarnos para ser mujeres defensoras que demos avisos de las situaciones de violencia que vivimos, que digamos “basta ya, no más” cuando sintamos que nuestros derechos están siendo vulnerados por nuestra pareja, familia, vecinos, autoridades públicas o privadas, alcemos nuestra voz y dejémonos oír. Desde nuestros territorios digamos “somos mujeres defensoras de los derechos de las mujeres“, defensoras que rompen los esquemas sociales a través de la incidencia política, contraloría social y mapeo de violencia.

Nosotras podemos ser defensoras de nuestros derechos no importa si somos estudiantes, trabajadoras del hogar, profesionales universitarias, trabajadoras del sector informal, empresarias, jóvenes o adultas, todas somos mujeres que tienen derechos inalienables que son nuestros y debemos protegerlos.  

No permitamos que nuestra condición social, laboral, educativa o profesional nos vuelva víctimas de la violencia, trabajemos solidariamente unas con otras desde nuestros espacios de trabajo, desde nuestros territorios para lograr que la sociedad cambie sus propios paradigmas. Volvámonos defensoras de nuestros derechos y de los derechos de otras mujeres porque la violencia no discrimina, es un cáncer silencioso que consume nuestro pensamiento, nuestras emociones, nuestra salud física y mental.

Con esto no queremos decir que la educación no nos sirve de nada porque igual podemos ser víctimas de violencia, lo que queremos es que nos demos cuenta que todas somos igual de vulnerables sin embargo podemos tomar medidas para ayudarnos y protegernos desde donde vivimos o trabajamos.

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